viernes, 4 de septiembre de 2015

No me llames extranjero, de Rafael Amor.

 
Soy nieto de extranjeros que vivieron mirando el Mediterráneo. Ese mismo mar que se ha convertido en tumba de miles de personas. Mi historia también podría haber quedado enterrado en las azules aguas.


jueves, 3 de septiembre de 2015

El regreso de Herodes



No creo que ninguna persona de buena leche pueda olvidar esta imagen. Era un niño sirio que murió en una playa griega, su nombre Aylan Kurdi. 

Hoy en el mundo se ha escrito mucho y muy bueno sobre esto, parece que todavía hay una veta de humanidad que por lo menos es capaz de horrorizarse.


Yo quisiera llamar la atención sobre los Aylan que viven en mi ciudad, en Rosario. ¿Niños sirios? No, cabecitas negras como algún subhumano los definió alguna vez. 


Los desplazados no solo son los que la guerra empuja al exilio o a la muerte. Están los nuestros, los que la miseria empuja a la nada.

Y los ves paraditos en las esquinas, haciendo monerías por una moneda.

O tirando un carrito para juntar basura.

A veces,  en alguna plaza con los ojos perdidos por el pegamento.

En realidad ya no los vemos. El paisaje urbano los absorbió. Un perrito nos llama más la atención. De hecho que alguno se conduele, y se lo lleva.

A ellos nadie los lleva ... bueno, la muerte se los va a llevar más temprano que tarde. 

No será cruzando un mar glamoroso, ni llegando a playas doradas, ni con sueños de una vida mejor.

Se irán apagando de a poco, como se apaga una vela. Algunos dejarán como legado una noticia en el diario La Capital, los más, simplemente desaparecerán. Y no habrá ni madres ni ronda de los jueves que los reclame.

Si te conmueve esta foto que ya es lejana, te pido que en memoria de Aylan empezamos a rescatar a nuestros niños naúfragos, esos que no vemos, pero que están.

Polaco, Astor, Aldo, un poco de poesía, la realidad nos abruma.








sábado, 29 de agosto de 2015

Soy minoría

Por allá en el 83, con mis muy felices 19 años y en los albores de la vuelta a la democracia, me acuerdo que me gustaba hostigar a mis amigos diciéndoles que yo pertenecía a las tres indudables mayorías de la Argentina: católico, peronista e hincha de Boca.

¡La puta que lo parió que lejos que estoy de esas mayorías!

A excepción de mi amado Boquita, que seguimos siendo la mitad más uno,  el resto se fue a la mierda.

Los católicos se cuentan con los dedos de una mano, y tengo mis serias dudas que yo figure en esa lista. No al menos como militaba en aquellos años. Aunque debo decir que a los seguidores de Jesús nos viene mucho mejor una la idea de la insignificancia y la pobreza. Cuando somos muchos nos dejamos arrastrar por el poder y ahí la cagamos. Son los famosos genes de Constantino que quedaron en nuestra casa. Jesús no tiene nada que ver con eso. Pero esto es harina de otro costal. Por ahora me quedo conque el modo de vivir "católico" ya no expresa a nuestro pueblo. Ha sido reemplazado por el secularismo. Si les interesa pueden leer a Juan Pablo II (que no es santo de mi devoción) pero que en su tiempo hablaba mucho de esto.

¿Que pasó con el peronismo? ¿No sigue siendo mayoría y gobierno? Y sí. Desde el 83 ha gobernado como 25 años. Pero yo ya no tengo esta sintonía. Todavía cuando veo los discursos del Viejo y sus plazas llenas del pobrerío me emociono. Fui peronista de Perón.

Dejé el peronismo cuando el Sultán de Anillaco firmó los indultos. Le banqué la alianza con la derecha económica pero perdonar asesinos irredentos no. Y miles nos fuimos a todos esos engendros frentes grandes, alianzas dudosas y otras linduras. La mayoría volvió y se hizo K. Yo no pude, y lo pensé, pero no pude. No me gusta que maten, tampoco que mientan ni que roben.

Y así me fui quedando solito. Esta democracia sin república va camino a una módica dictadura de ladrones y oportunistas. Cuando digo dictadura no comparo con Videla, no soy tan pelotudo. Sino que me refiero a ese cada vez más extendido relato oficial según el cual los que pensamos distinto o no estamos de acuerdo somos infames traidores de la patria. Ni siquiera son originales todas las dictaduras, las feroces y las blanditas, abominaron del que piensa fuera del pensamiento único. 

Pero cuando entré al cuarto oscuro, tanto en las provinciales como a las nacionales, no encontré mis sueños y esperanzas. Mucho garabato, nada de república. Y me tapé la nariz y manotié papeles que me dan vergüenza. No tengo quien me exprese. Apenas la loquísima Lilita cuando repite como un mantra que necesitamos un nuevo pacto republicano. Más minoría imposible.

Gane quien gane, yo quedo enfrente. Con más o menos asco, pero enfrente.

Así que como buena e insignificante minoría electoral me dedicaré a gritarles a todos que está mal matar, robar, mentir y cagar a los pobres. Es el muy humilde rol que me ha quedado. Mientras todos aplauden y se babean con el poder, un grupete de caras de braguetas estaremos allí para taladrarles la cabeza.

Ser minoría tiene una ventaja: dentro de unos años voy a poner más cara de forro que la que ya tengo y les diré: les avisé.

Y en el día del abogado, finalizo con una frase de me amado Don Manuel Belgrano:

Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por La Patria.