miércoles, 21 de mayo de 2014

Rosario Ocupada IV - ¿Son o se hacen? ¿O nos agarran de boludos?

En estos días se confirmó que nuestra querida Rosario ha sido elegida para que se juegue la final por el descenso de categoría del fútbol de primera entre Colon de Santa Fe y Atlético Rafaela. Para más datos en la cancha de Central. Eso sí, sólo 20.000 personas podrán ingresar, 10.000 por equipo.

Quizás los que sean más futboleros que yo recordarán la fecha, pero creo que hace casi un año que en Rosario no se juega futbol con hinchada visitante porque no se puede garantizar la seguridad. Dicho sea de paso, cuando nuestros gobernantes hacen esos recocimientos de su propia inutilidad me estremezco. ¡En qué manos estamos, por Dios!

En la misma ciudad ocupada por fuerzas federales, en la que salir a la calle constituye un acto de peligro, y en algunos barrios, una osadía, organizaremos un partido de futbol con 20.000 hinchas incluyendo varios cientos de barras bravas de la mejor cepa santafesina. Todos en estado de emoción violenta porque el que pierde se va al descenso, y los ganen se sentirán con derecho a dar rienda suelta a la alegría.

Varios cientos de policía estarán abocados a cuidar esta locura. Policías que dejarán de patrullar o de vigilar. Por ejemplo, en mi pueblo ha habido ocasiones en que gracias al futbol han quedado dos o tres policías porque los otros se los llevaron a la cancha.

No entiendo. ¿¡Por qué mierda no se jugó sin público!? ¿Tan importante es esto?

Quizás la ocupación ya haya derrotado a las fuerzas del mal y yo, que soy medio pelotudo, no me di cuenta.

Hay que tomar prolija nota de todo esto. El año que viene tenemos que votar.

sábado, 17 de mayo de 2014

Rosario Ocupada III - El miedo ... ¿pero a quién?

Hace tiempo que el miedo se incorporó a mi vida. Y no sólo en la mía, muchos compartimos esa sensación de que algo nos puede pasar. Para peor, nos pasó a casi todos. Y nos hemos habituado a recibir noticias: a Mengano le entraron en la casa, a Fulano le robaron la moto, a Perengano le sacaron el celular. La lista es larga y densa. Y si mirás un noticiero es un desplieque siniestro de muertos, heridos, narcos, robos. Dolor, dolor puro.

Y tengo miedo. Si voy caminando y me encuentro con un pibe con gorrita (morochito) me preparo para que mate o para matarlo (¿seré capaz?, ¿me habré convertido en semejante monstruo y ni siquiera me he dado cuenta?), si voy en el auto, y viene una moto, espero el disparo. A veces quisiera ser mosca para tener ojos que permitan ver para todos lados, vigilar para todos lados.

¿A qué mierda le tengo miedo? La inseguridad, cierto, la inseguridad. ¡Qué manera más hipócrita de patear la pelota bien lejos!

En qué momento dejamos de estar seguros, si es que alguna vez lo estuvimos? ¿Cuál sería la fecha que marque la efemérides del terror? Ese día en que la patria se rompió y todos empezamos a desconfiar de todos, y comenzarmos agredirnos.

El día del miedo. Quizás un nuevo feriado, movil o fijo, según convenga.  Lo pienso y no se me ocurre, me parece que siempre fue el día del miedo, sólo que antes era para algunos, ahora es para casi todos. Se me ocurre uno: una noche fría de invierno en la que un pibe se fue a dormir sin comer porque en su plato no había nada que poner.

Si queremos que el miedo se vaya y no retorne a nuestra vidas, trabajemos para recuperar la solidaridad entre todos. Que no vuelva a ver, nunca más, un pibe con hambre.

Por eso no creo en la Ocupación. No son balas, es amor.