En marzo del 76 yo tenía escasos 11 años pero recuerdo bastante bien que la "gente" se quejaba de tres temas: la corrupción del gobierno de Isabel, la inflación y el terrorismo que amenazaba los cimientos de nuestra sociedad occidental y cristiana. Sacando honrosas excepciones la "gente" pedía a gritos a los milicos. Y vinieron. Y volvió el orden, y la seguridad y la estabilidad económica, y la decencia pública. Lástima los costos colaterales: la libertad, la dignidad humana, la democracia y un montón de gente muerta, perseguida, torturada o silenciada. Después nos fuimos enterando que a parte de asesinos feroces, los milicos también eran chorros. Y como administradores unos inútiles notables.
Hoy la "gente" clama por la corrupción del gobierno de Ella, la inflación y el nuevo terrorismo que es la narcocriminalidad.
Me gusta mucho escuchar radio. Y presto atención a los llamados de la "gente". Es un lugar común escuchar que a esos negros de mierda hay que matarlos a todos, hay que meter bala, y alguno muy osado y gracias a Dios en solitario, pide por los milicos.
Ella que siempre escucha a la "gente" no dudó y a pedido de los que gobiernan por acá, mandó las tropas. Ya no con generales y tanques, sino con un señor que parece Rico y los gendarmes, los prefectos, los federales.
Y tengo la sensación de una pesadilla. Tropas en la calle, sirenas, camionetas a toda velocidad, luces, operativos, allanamientos, a dónde va, muéstreme los documentos, cómo se llama, qué fuma, qué caga, qué mea. Y contabilizan quilos de esto, quilos de aquellos mientras las cámaras muestran cómo se llevan presos a los negros de mierda.
Y la "gente" (mi fuente sigue siendo radial) está chocha, y pide más, y que no se vayan nunca, y todos quieren un gendarme en la puerta de la casa.
Qué triste.
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